Tecnologías para la docencia de ELE

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Durante el mes de mayo viajé a Hong Kong y a Seúl gracias a la invitación de la editorial Enclavseul-28-05 (2)eELtallerE para impartir unos talleres de formación de profesorado de español como lengua extranjera en la University of Hong Kong y el Aula Cervantes situada en la Hankuk University of Seoul.

Ambas jornadas salieron genial y establecí una sinergia estupenda con los profesores. Participaron mucho y siento que los resultados fueron realmente tangibles en su día a día profesional.

En esta ocasión me gustaría reflexionar, de entre los tres que hice (Gramática memorable, Mi otro yo: el yo docente y El E-docente),  sobre los resultados de aquel que se centró en las tecnologías para la docencia.

Durante el congreso de ASELE celebrado en Granada, Elena Verdía, Jefa del área de formación del Instituto Cervantes, presentó la parrilla EPG y explicó su importancia, por ejemplo, para poder analizar de un modo general como se dibuja la carrera profesional docente de los profesores de ELE. Comentó, como dato llamativo, que, a pesar de todo el esfuerzo del Cervantes por ofrecer cursos de instrucción y de reciclaje sobre las tecnologías, todavía era ese apartado en el que, incluso entre los maestros con más experiencia, seguían presentando los niveles más bajos de desarrollo.

Cabe, entonces, pararse a buscar una explicación para este fenómeno. Dado que me interesa mucho la aplicación de las tecnologías en el aula de lenguas extranjeras, pensé que podía tantear la situación en mis talleres de formación hablando cara a cara, de docente a docente para tener información de primera mano.

Hace unos años leí en el blog de Javier Tourón una entrada sobre un trabajo de investigación que se llevó a cabo en EE.UU. para saber hasta que punto las tecnologías habían o no penetrado en las clases. De un modo muy modesto y a pequeña escala, me propuse replicar las preguntas clave que se hacían en ese estudio:

  • Cuál es la importancia que se le otorga a las tecnologías para la docencia
  • Cuáles son las ventajas que presenta su uso
  • Cuál es su uso real y deseable
  • Cuáles son las razones por las que se usan o no

De este modo, y a lo largo de varios talleres y cursos de formación, he obtenido datos que, aunque estadísticamente son relativizables, nos pueden ofrecer un panorama general. De todos modos, espero vuestros comentarios en esta entrada para que podamos debatir sobre la situación actual.  Para conseguir sus respuestas utilicé una herramienta (mentimeter) para obtener datos en directo, pero de un modo anónimo para que los presentes se sintiesen libres para opinar y luego hablar sobre ello de viva voz, pero ya de un modo impersonal.

En primer lugar, pocos docentes discuten ya que las tecnologías han llegado para quedarse y que tienen ventajas dignas de consideración. De todos los cursos de formación que he impartido, muy pocos de los participantes pusieron en duda que los recursos digitales tuvieran ventajas pedagógicas, más allá de que esta o aquella herramienta les gustase más o menos. Normalmente convienen en sus aspectos positivos y la preocupación, por ejemplo, sobre si fomentan la desconcentración o si suponen una fuente de distracción aparecían de un modo residual. De este modo, a la pregunta de si la tecnología es un elemento importante para la docencia del español como lengua extranjera,  por ejemplo en estos talleres en Seúl y Hong Kong, los resultados fueron, en una escala del 1 al 10 de importancia, que los recursos tecnológicos se sitúan entre el 7 y el 8.

grado_de_importancia_seúl

 (Datos del taller de Seúl) Hongkong_grado

(Datos del taller de Hong Kong)

Sobre las posibles razones por las que usar o no las tecnologías en el aula, en mis cursos de formación procuro hacer entender, en primer lugar, que los objetivos pedagógicos y una buena (y clara) planificación deben estar por delante de otras consideraciones. Muchos de los objetivos que podemos conseguir con la tecnología, podemos alcanzarlos también sin ella, pero no todos, por ello, conviene ser responsable en el uso para evitar la saturación (el estrés tecnológico) y para saber elegir sabiamente cuáles y cuándo introducirlas.

Las aplicaciones digitales nos ofrecen la posibilidad de ampliar el input y de acercar (más) muestras reales de lengua al aula que, en contextos de no inmersión es un factor de gran importancia. Creo que también pueden ser clave para consolidar conocimientos si se emplean para ofrecer postareas o, incluso, actividades paralelas. Sin duda, y por mi experiencia personal usando redes sociales con fines docentes (Facebook, Instagram, Twitter), considero que la comunicación fluye mucho y se sienten cómodos, de modo que, se sienten relajados y predispuestos a tener una buena actitud en el aula y, por lo tanto, a estar más receptivos al aprendizaje tanto en la clase, de un modo formal, como en las redes, de manera informal.

Por otro lado, y para nada desdeñable, es el hecho de que pueden servir o contribuir a su creatividad cuando les pedimos que diseñen o creen diversos productos (trípticos, pósteres, películas, podcast…). No es menos cierto que muchos de estos aspectos se cumplen también con actividades o recursos no digitales, pero, supongo que estaréis de acuerdo conmigo, en que, en muchas ocasiones, la tecnología hace las tareas más visuales, atractivas, estéticas, entretenidas, etc., que también son un criterio para decidirse a introducirlas: atrapar la atención a través de los materiales.

Además de todo lo anterior, todavía es posible ofrecer más puntos fuertes que posee el uso de la tecnología en el aula y uno es especialmente importante: la posibilidad de ofrecer más temas o más diversos de los que podemos introducir en el aula o de los que el currículo nos deja y que no siempre coinciden con los intereses del alumnado. De esta manera podemos llegar a conectar mejor con los gustos de los estudiantes y también para ofrecer un mayor rango de registros y variedades lingüísticas con su correspondiente léxico, contenidos pragmáticos… Del mismo modo, podemos, ofrecer una mayor tipología de actividades en lo que se refiere a su formato y, de un modo trasversal, abarcar, de esta manera, más estilos de aprendizaje, e incluso se puede trabajar más personalizadamente. Paralelamente, esto puede conducir al alumnado a adquirir una mayor autonomía para seguir aprendiendo fuera del aula.

Por si fuera poco todo lo dicho, la tecnología nos ofrece la posibilidad de estar en contacto con alumnos ausentes ofreciéndoles, incluso, streamings o videotutoriales para suplir su falta, tema especialmente sensible cuando esto se debe a cuestiones relativas a la salud, por poner un ejemplo.

Por último, me gustaría mencionar otro aspecto y es que también ayudan a fomentar un aprendizaje más profundo y significativo. Por todo lo dicho los contenidos pueden conectar más con sus sentimientos y, por ello, redundar en una mayor memorabilidad.

Completé y contrasté mis opiniones en estos talleres y la mayoría de los docentes presentes destacaron que consideran que el uso de recursos digitales dinamizan el aula, estimulan la creatividad, fomentan la autonomía del alumnado, facilitan el aprendizaje, etc. Pero un rasgo especialmente importante para ellos fue que, en estos contextos de no inmersión, el uso de la tecnología les permite mostrar mayor y mejor calidad de input.

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Una vez justificada y explicada la razón por la que usar la tecnología en las clases, cabía constatar cuánto se usan y si fuese poco, buscar la explicación de esa situación.

Intuitivamente, podríamos pensar que un mayor o menor uso de tecnología en el aula dependería de un factor generacional, dado que muchos docentes han desempeñado gran parte de su carrera sin la posibilidad de acceder a estos medios y, por ello, están, quizás, menos familiarizados, pero sorprende constatar que esto también ocurre entre el público más joven por diferentes razones.

Por un lado, es posible pensar que la formación no siempre llega a profesorado de todas las latitudes, pero, en general, cada vez más, podemos percibir que las aplicaciones digitales poco a poco se introducen en las aulas, aunque quizás menos en países en desarrollo por cuestiones infraestructurales.

Por otro lado, además de la falta de instrucción en el uso de tecnología con fines educativos, he recogido una clara y mayoritaria explicación para una utilización por debajo de lo deseado: la falta de tiempo. Este argumento, por ejemplo, fue el que arguyeron 15 de los 27 docentes presentes en uno de los talleres. De entre todas las recogidas, además de la razón de inversión de tiempo, por si fuese de interés, podemos reseñar las siguientes por su recurrencia: falta de apoyo en el centro de trabajo, falta de costumbre, falta de destreza o conocimiento.

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En suma, a través de este breve sondeo y de mi experiencia impartiendo cursos de formación, es posible entender que cada vez más las aplicaciones digitales se introducen en las aulas por convencimiento del profesorado y con un objetivo claro: mejorar la calidad de la docencia. No obstante, este fenómeno no se produce tanto como los docentes desearían por limitaciones de formación, de recursos y, principalmente, de tiempo.

Es necesario, pues, reivindicar la necesidad de que los centros educativos recojan el guante y ofrezcan mayores recursos, la posibilidad de formación de sus profesores y, por último, de que haya tiempo real para desarrollar una docencia de calidad (y esto no solo para poder introducir nuevas tecnologías, sino, en general, dada la frecuente sobrecarga de horas lectivas).

Os dejo el enlace a la presentación que usé en estos talleres y también un tablero de Symbaloo repleto de artículos de interés y aplicaciones para llevar al aua.

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